En el presente siglo, la salud mental se ha convertido en prioridad en muchas naciones del mundo, tanto en términos de políticas de salud como de preocupaciones comunitarias. Esto se debe a su estrecha relación con el bienestar general, en el que cada individuo puede alcanzar su máximo potencial, manejar las tensiones de la vida y contribuir de manera productiva y significativa a la sociedad.
A nivel mundial, sobre todo en los países en vías de desarrollo, el problema de la salud mental se incrementa, porque muchas personas no reciben la atención necesaria para tratar sus afecciones de manera efectiva. Esta problemática se debe a la estigmatización de los trastornos o a que los sistemas de salud carecen de recursos suficientes para ofrecer servicios especializados de salud mental1.
El artículo publicado en Enfermería Clínica «Consecuencias de la pandemia COVID-19 en la salud mental de los enfermeros de los servicios de emergencias extrahospitalarias españoles»2 revela que un tercio de las enfermeras sufre de problemas de salud mental, como depresión y estrés, que superan las tasas de otros entornos sanitarios. También, resalta que el personal técnico es el más afectado debido a sus malas condiciones laborales, incluso con la intención de abandono de la profesión. Esto ha puesto en evidencia la necesidad urgente de mejorar las condiciones laborales y el apoyo emocional para prevenir la rotación masiva de personal. Por esa razón, destaca la importancia de formar en estrategias de afrontamiento y detectar tempranamente problemas mentales para brindar un apoyo adecuado.
La salud mental adquiere una relevancia importante, ya que las enfermeras no solo enfrentan responsabilidades laborales, sino también desafíos financieros, académicos, expectativas personales y familiares. Si no se abordan adecuadamente, estos problemas pueden derivar en trastornos más graves y afectar la calidad de la atención. Factores como la sobrecarga laboral y la falta de apoyo social, entre otros, agravan la situación, lo que puede llevar al agotamiento profesional (burnout), así como afectar la conciliación entre la vida laboral y familiar. Por ello, es fundamental mejorar las condiciones laborales y promover redes de apoyo entre colegas. Diversos estudios, como el QD85, así como programas de bienestar dirigidos a las enfermeras, han demostrado la efectividad de estas medidas para mejorar su salud mental y bienestar3.
Para mejorar la salud mental de las enfermeras y enfermeros, es fundamental abordar varios aspectos clave, como su percepción de competencia, la experiencia laboral y su capacidad para enfrentar desafíos. Una estrategia efectiva sería fomentar políticas que promuevan la conciliación entre la vida laboral y familiar, que les permita mantener una relación cercana con al menos un miembro de su familia. El apoyo familiar ofrece un respaldo sólido que les ayuda a gestionar los retos profesionales y mantener el equilibrio emocional4.
Además, es necesario que los hospitales y clínicas implementen estrategias orientadas al desarrollo de habilidades de afrontamiento, como el manejo del estrés, la inclusión y el respeto. Estas instituciones deben establecer programas de asesoramiento, tutoría y grupos de apoyo que brinden orientación tanto emocional como profesional. También resulta indispensable promover el autocuidado, equilibrar el trabajo con el tiempo libre, y ofrecer programas educativos sobre salud mental5.
En resumen, urge la implementación de políticas laborales más flexibles, el fortalecimiento de programas de apoyo emocional y profesional, y la promoción del autocuidado en el personal sanitario. Las futuras líneas de investigación podrían centrarse en estudiar el impacto de las intervenciones psicológicas, la relación entre condiciones laborales y salud mental, y los factores sociales y culturales que influyen en la prevalencia de trastornos mentales en enfermeras.
FinanciamientoNo existen fuentes de financiación públicas ni privadas.
Consideraciones éticasEl consentimiento informado no fue requerido, debido a que la información fue obtenida a partir de fuentes secundarias.
Conflicto de interesesLos autores señalan que no existe ningún conflicto de intereses.