Sres. Directores: En un editorial publicado recientemente en su revista, donde se revisan las funciones del asesor de medicamentos en atención primaria (AP)1, se especifica que su principal actividad es incrementar el uso eficiente de los medicamentos. Sin embargo, sorprendentemente, no se menciona en ningún momento de qué herramientas va a disponer para lograr este cometido, ni se cita para nada la disciplina que le va a permitir poder evaluar la eficiencia de los fármacos usados: los análisis de evaluación económica de medicamentos o estudios de farmacoeconomía.
En los tiempos actuales, cada día es más notoria la progresiva divergencia existente entre los recursos disponibles para dedicar a la atención sanitaria y las continuas, crecientes e ilimitadas necesidades en materia de servicios y prestaciones sanitarias de los ciudadanos. Este desequilibrio ha originado que continuamente tengamos que priorizar en qué invertir los recursos existentes, con el fin de maximizar su beneficio social.
En este contexto, el capítulo del gasto farmacéutico ha sido uno de los que más ha polarizado la atención de las autoridades sanitarias, habiéndose diseñado multitud de políticas destinadas a lograr una contención de sus costes.
Todas ellas se han basado en incentivar el uso de los medicamentos con un coste de adquisición más barato, sin que se hayan evaluado de forma conjunta otros posibles costes derivados de su uso, ni se hayan relacionado los costes con los resultados obtenidos, lo que nos hubiera permitido llegar a conocer su eficiencia, o sea qué opción terapéutica produce los mejores resultados clínicos con el menor coste asociado.
Hay que tener en cuenta que muchas veces los medicamentos con un mayor coste de adquisición (coste/tratamiento más caro) van a ser también los más efectivos, lo que nos evitará a menudo gastos en otras partidas presupuestarias (días de estancia hospitalaria, realización de pruebas complementarias adicionales, visitas extras al médico general y/o especialista, visitas al servicio de urgencias, uso adicional de otros fármacos, días de baja laboral, tratamiento de efectos adversos, etc.), y además logrará que los pacientes tengan una mejor calidad de vida y un mayor grado de satisfacción del tratamiento recibido.
Si solamente nos fijamos en el coste de adquisición de los medicamentos, y no en su eficiencia, es posible que ahorremos recursos al emplear los que sean más baratos, pero a costa de incrementar los costes de otras partidas, con lo que al final se elevará el gasto sanitario global, y por consiguiente se habrá logrado el efecto contrario al buscado, disminuyendo además la calidad asistencial al paciente2.
Por lo tanto, en estos momentos, a la hora de decidir qué medicamento prescribir a cada paciente, uno de los criterios a tener en mente debería ser la eficiencia de las opciones terapéuticas disponibles, conjuntamente con su efectividad, seguridad y calidad. La realización de estudios de farmacoeconomía nos va a permitir conocer este dato, pudiendo utilizar los que presenten la mejor relación coste/efectividad y produzcan una mejor calidad de vida en los pacientes3.
Lo que no está claro es de quién es responsabilidad la evaluación de la eficiencia a la hora de escoger los medicamentos a emplear en la práctica médica asistencial en AP: gerentes, asesores de los medicamentos o los médicos prescriptores.
Posiblemente, lo más lógico fuera que la gerencias sentaran las bases sobre la utilidad que deberían tener estos estudios en su área de salud y sus aplicaciones prácticas (diseño y revisión de formularios y guías terapéuticas, inclusión en los boletines terapéuticos del área, etc.)4, los asesores de los medicamentos fueran los encargados de la realización de estos estudios y/o de la evaluación de los presentados por terceras partes o que fueran publicados, y posteriormente hicieran recomendaciones sobre qué alternativa debería ser la de uso rutinario acorde a su eficiencia, y los médicos fueran los que incorporasen este criterio a la hora de elegir sus prescripciones en la práctica médica diaria5.
Los asesores de los medicamentos son los profesionales que más contacto tienen con el mundo de los medicamentos, están al día de los resultados de estudios efectuados dentro de la disciplina de farmacoeconomía y leen habitualmente revistas científicas dedicadas y polarizadas a esta faceta de los medicamentos. Por este motivo, deberían ser los profesionales que incorporasen el criterio de la eficiencia como un dato adicional que ayude en el proceso de toma de decisiones en el ámbito de la AP.
En la actualidad, dada la limitación de recursos existentes para la atención sanitaria, es necesario racionalizar el gasto sanitario. En caso contrario, en el futuro será necesario racionar las prestaciones con cargo al erario público, lo que creará bolsas de inequidad y se romperá la cobertura universal.
Los estudios de farmacoeconomía, al incorporar el criterio de la eficiencia como un nuevo criterio en la ayuda de toma de decisiones en la asignación de los recursos existentes, nos va a permitir conseguir esta importante meta.