Sobre la medicina pública catalana se ciernen desde hace años pero, sobre todo, en la actualidad negros nubarrones que la están llevando por un tortuoso camino de creciente ineficacia y desprestigio. Eso le sucede a una sanidad que había sido modelo en el que se miraron tantos y tantos planes sanitarios de diversos lugares.
El común denominador que habitualmente viene a justificar ese progresivo deterioro lo constituye la insuficiente disponibilidad de recursos económicos.
Evidentemente, sin los recursos económicos necesarios no se puede hacer frente al creciente número de pacientes no me ha gustado nunca que en medicina se hable de «usuarios»--, ni al continuo incremento de tecnologías disponibles y aplicables.
Hecha la anterior afirmación, parece imprescindible la incursión en algo tan elemental como es el análisis de la gestión que se lleva a cabo de los recursos disponibles. Resulta curioso que los responsables de la sanidad, a cualquier nivel, pocas veces presentan resultados de dicho análisis, y si lo hacen la mayor frustración cae sobre quien intenta aplicarles un mínimo de conocimientos y sentido crítico.
¿Alguien se ha detenido a analizar en profundidad el «rendimiento médico» en términos de salud de tanta ecografía, tanta RMN, tanta TC y, en fin, tanta prueba exploratoria como hoy se está utilizando?
La nueva «cultura médica», tanto de médicos como de pacientes, ha desplazado el prestigio del médico al prestigio de la máquina, hasta el punto que ya pocos médicos se atreven a diagnosticar sin el auxilio de los sofisticados medios tecnológicos de que se dispone, y ya casi ningún paciente acepta un diagnóstico que no esté basado en el resultado de alguna tecnología.
Todo ello ha conducido a un gasto desmesurado en utillajes y pruebas diagnósticas que, en muchas ocasiones, sería innecesario si se volviera a una medicina basada eminentemente en la clínica, a partir de una profunda modificación de la docencia de la medicina, de una revalorización del papel del médico y de la modificación de los hábitos de los pacientes.
La anterior propuesta no es de fácil ejecución, ya que demasiados intereses económicos y de otros tipos se hallan involucrados en el exponencial crecimiento de este modelo de moderna medicina.
Creo que sólo la eventual quiebra económica del sistema hará recapacitar a quienes tienen en sus manos la posibilidad de ir cambiando, poco a poco, la situación actual.