Sres. Directores: Agradecemos a C. Asenjo Vázquez et al sus comentarios respecto a nuestro trabajo «Distribución según deciles de riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica de la población masculina adscrita a un centro de salud». Asimismo compartimos su preocupación por los valores de colesteremia como factor de riesgo coronario y el sesgo que puede suponer no tenerlo en cuenta.
Sin embargo Shaper et al1 observan que los quintiles más elevados de riesgo identifican al 54% de los individuos que en los siguientes 5 años van a presentar un episodio de cardiopatía isquémica (CI), mientras que la inclusión de la colesteremia en la estrategia sólo identifica a un 5% más de individuos en la misma población. Al mismo tiempo, observan que sólo un 40% de los individuos en los quintiles altos de una distribución según el colesterol plasmático se incluyen en los percentiles altos de riesgo de CI.
Estamos también de acuerdo en que el método ideal para calcular el riesgo coronario sería el de Framingham (nada mejor que un original); sin embargo, la inclusión de las cifras de colesterol en nuestro estudio habría supuesto la realización de más de 1.500 pruebas analíticas, que se traducirían en un aumento del número de consultas, y por tanto en una sobrecarga de trabajo no soportable por muchos profesionales. En este mismo sentido se pronuncian médicos de atención primaria de Canadá, que identifican la falta de tiempo y factores económicos como barreras para llevar a cabo medidas preventivas encaminadas a reducir los factores de riesgo cardiovascular2. Por tanto, y al igual que piensan otros autores3, creemos que el médico de atención primaria puede optar por medir el colesterol plasmático sólo en personas con alto riesgo de presentar CI (en nuestro estudio quintiles altos) y concentrar sus esfuerzos en identificar y tratar a este grupo de pacientes.
Los resultados de estudios posteriores al WOS, como el estudio AFCAPS/TexCAPS4, que utilizan lovastatina frente a placebo en la prevención primaria de CI en una población con valores promedio de colesterol total por debajo de la media (221 mg/dl), obtienen una reducción del riesgo del 37% en el parámetro primario de valoración (infarto de miocardio fatal o no fatal, angina inestable o muerte súbita de causa cardíaca) y concluyen que se deben reconsiderar las normas del NCEP respecto a la intervención farmacológica, haciendo que quizás esta discusión sea un tanto baldía y terminemos dando estatinas (o similares) a toda la población para disminuir el riesgo coronario. ¿Podrá soportar esto nuestro sistema sanitario?