El linfogranuloma venéreo (LGV) es una enfermedad de transmisión sexual causada por Chlamydia trachomatis. Su incidencia ha mostrado una claro ascenso en los últimos años entre la población homosexual de Europa y Estados Unidos1. Debido a su reciente aparición en nuestro medio y a la inespecificidad de su clínica, frecuentemente se retrasa el diagnóstico, evitando un tratamiento que resulta curativo y eficaz. Presentamos el caso de un varón con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que se diagnosticó de este cuadro a raíz de un cuadro de rectorragia.
Varón de 31 años de edad que consulta por rectorragia. Entre sus antecedentes destaca infección VIH en estadio A2, en tratamiento antirretroviral, con buen control de la misma. El paciente reconoce haber mantenido conductas homosexuales de riesgo y refiere que desde hace 2 semanas presenta deposiciones con sangre, acompañadas de sensación distérmica, proctalgia y tenesmo rectal. En la exploración física destaca la palpación de adenopatías inguinales bilaterales, de consistencia blanda, rodaderas y no dolorosas. La inspección anal refleja condilomas acuminados y, al tacto rectal, se palpa área indurada en canal anal y a punta de dedo. Se realiza colonoscopia donde se evidencia desde canal anal y hasta 15cm de margen anal, mucosa indurada, edematosa y eritematosa con áreas ulceradas profundas y friables a la toma de biopsias (fig. 1). La anatomía patológica demostró un intenso infiltrado linfocitario agudo (más de 40 linfocitos por campo) con formación de abscesos y granulomas. No presentaba signos de infección por citomegalovirus, y la inmunohistoquímica fue negativa para herpes virus 8. La PCR a tiempo real demostró la presencia del serotipo L2b de C. trachomatis.
El LGV o enfermedad de Nicolas-Favre es una enfermedad de transmisión sexual producida por los serotipos L1, L2 y L3 de C. Trachomatis. Clásicamente se ha distribuido en áreas tropicales y subtropicales de África, India y Sureste asiático. Sin embargo, a partir del 2003 se comenzaron a publicar casos aislados en Europa y Estados Unidos, con un crecimiento exponencial a partir del 20041. Las características comunes de todos estos nuevos brotes son que aparece en forma de proctitis en hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres y todas ellas comparten el serotipo L2b de C. trachomatis2.
Se han definido 3 estados de infección. El periodo de incubación del primero es de 2–12 días y se caracteriza por úlceras genitales o una reacción inflamatoria en el sitio de inoculación. La infección secundaria aparece de 2–6 semanas más tarde y se relaciona con la extensión local directa hacia los ganglios linfáticos regionales, produciendo adenopatías inguinales y un síndrome anorrectal consistente en supuración, proctalgia, estreñimiento, fiebre o tenesmo. Cuando el tratamiento no ha sido establecido o ha sido insuficiente, progresa a una situación de inflamación crónica con las complicaciones asociadas (estenosis, fístulas, etc.) que caracterizan al estadio tardío3.
Las pruebas dirigidas al diagnóstico definitivo son muy específicas y no están disponibles en todos los centros. El cultivo es poco efectivo, porque no suele diagnosticarse durante la fase primaria y, en el estadio secundario, existe baja producción4. Con respecto a las pruebas serológicas, inmunofluorescencia o ELISA, tienen el inconveniente que no diferencian los diferentes serotipos ni la infección aguda de la pasada2. La amplificación mediante técnicas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) se ha convertido en la prueba diagnóstica principal. El empleo de PCR a tiempo real es capaz de identificar los serotipos L de C. trachomatis mediante la detección de la delección en el gen polymorphic membrane protein (pmp) H5. El serotipo L2b se caracteriza por una mutación del gen omp1 que puede ser detectado mediante un análisis más reciente de PCR a tiempo real6.
El tratamiento de elección es la doxiciclina (100mg/12h) durante tres semanas7. Existen otras alternativas como la eritromicina (de elección en embarazadas)7 u otras tetraciclinas2 (minociclina, terramicina, aureomicina). En el caso de sospecha clínica o en espera del diagnóstico de confirmación, se puede emplear como tratamiento empírico doxiciclina asociado a ceftriaxona durante 7 días; si se confirmara el diagnóstico, se debe prolongar el tratamiento hasta 21 días7.
En conclusión, el LGV es una enfermedad en claro ascenso en nuestro medio, especialmente entre la población homosexual. Requiere un diagnóstico clínico y endoscópico precoz para instaurar un tratamiento eficaz y curativo que evite el desarrollo de complicaciones.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.